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El oro pierde todo su avance anual tras caer más de un 20% desde sus récords históricos

El mercado del oro atraviesa uno de sus momentos más turbulentos en años recientes. Desde que alcanzó su máximo histórico el pasado 28 de enero en 5.417 dólares por onza, el metal precioso ha experimentado una caída vertiginosa que lo ha situado alrededor de los 4.300 dólares. Esta corrección representa un descenso del 20% desde sus niveles más altos, borrando completamente las ganancias acumuladas durante el presente ejercicio.

El golpe más reciente llegó el viernes pasado, cuando el oro se desplomó un 3,27% en una jornada marcada por las fuertes caídas del sector tecnológico en las bolsas estadounidenses. Esta bajada elevó las pérdidas semanales del metal hasta cerca del 5%, consolidando una tendencia bajista que preocupa a los inversores que habían apostado por este activo tradicionalmente considerado refugio seguro.

La volatilidad marca el ritmo diario

La inestabilidad del oro quedó patente este lunes cuando, antes de la apertura de los mercados europeos, llegó a caer más de un 1,3% tras los ataques con misiles balísticos intercambiados entre Israel e Irán durante el fin de semana. Sin embargo, la volatilidad dio un giro inesperado cuando el presidente estadounidense Donald Trump publicó un mensaje en su red social asegurando que el cese de hostilidades entre ambos países sería «inmediato». Esta declaración suavizó las presiones vendedoras, permitiendo que el metal girara hacia terreno positivo antes de la apertura de Wall Street.

Este comportamiento errático contrasta con el papel histórico del oro como refugio en momentos de incertidumbre geopolítica, planteando interrogantes sobre los factores que realmente están determinando su cotización en el actual contexto de mercado.

El empleo estadounidense, factor desencadenante

La fuerte caída registrada el viernes se produjo inmediatamente después de la publicación del informe de empleo estadounidense, que reveló una creación de puestos de trabajo muy superior a las expectativas del mercado. Según Carsten Menke, responsable de Next Generation Research de Julius Baer, estos datos sólidos han devuelto al primer plano las preocupaciones sobre unos tipos de interés más elevados en Estados Unidos y un dólar más fortalecido.

Ambos factores juegan en contra del oro por una razón fundamental: el metal precioso no ofrece rentas periódicas a sus tenedores. Cuando los tipos de interés suben, los activos alternativos como los bonos del Tesoro ganan atractivo al ofrecer rendimientos más elevados y relativamente seguros, lo que aumenta el coste de oportunidad de mantener oro en cartera. Paralelamente, un dólar más fuerte encarece el metal para los inversores que compran en otras divisas, reduciendo su demanda global.

Del auge histórico a la corrección abrupta

Antes del conflicto con Irán, la narrativa que sostenía las compras de oro era justamente la contraria. La debilidad del dólar y las expectativas de que la Reserva Federal redujera el precio oficial del dinero impulsaban las adquisiciones del metal. Bajo ese escenario favorable, el oro hizo historia al revalorizarse más de un 64% solo en 2025, después de dos años previos de avances de doble dígito: 13,1% en 2023 y 27,2% en 2024.

Esta extraordinaria racha alcista llevó al oro a cotizar en niveles nunca antes vistos, consolidándose como uno de los activos más rentables del mercado. Sin embargo, el cambio de contexto macroeconómico y las tensiones geopolíticas han revertido bruscamente esta tendencia, demostrando que incluso los activos más sólidos están sujetos a correcciones significativas.

Los bancos centrales mantienen su apuesta

A pesar de la reciente debilidad, los expertos se mantienen positivos sobre las perspectivas del oro a medio plazo. Menke señala que, dado que parte de las actuales presiones inflacionistas deberían ser temporales, no se espera que la Fed vuelva a subir los tipos de interés. En ese escenario, la demanda de inversión debería recuperarse, especialmente cuando el mercado disponga de mayor visibilidad sobre la dirección de la política monetaria estadounidense.

Además, el oro seguirá contando con el respaldo de las compras de los bancos centrales, que muchos analistas consideran la principal fuerza estructural del mercado. La voluntad de las economías emergentes de reducir su dependencia del dólar como moneda de reserva y el reducido peso que todavía tiene el oro en sus reservas internacionales apuntan a que estas compras podrían prolongarse entre tres y cinco años más, proporcionando un soporte fundamental para el metal.

Previsiones optimistas para el cierre de año

Aunque los 5.000 dólares por onza ahora parecen lejanos, hasta trece bancos de inversión mantienen en sus previsiones que el metal volverá a estos niveles en el último trimestre de este año. Entre las firmas más optimistas se encuentran JP Morgan, que sitúa al oro en los 6.000 dólares en diciembre, seguido de UBS con 5.900 dólares y Deutsche Bank con 5.800 dólares.

Mark Haefele, director de Inversiones de UBS Global WM, afirma que su entidad sigue siendo positiva respecto al oro a medio plazo, a pesar del riesgo de una mayor volatilidad en el corto plazo. La firma prevé que el precio alcance los 5.500 dólares por onza durante el primer semestre de 2027, recomendando a los inversores mantener una cartera diversificada que incluya exposición al oro y a otras materias primas.

No obstante, el consenso de mercado es más cauto. La estimación media se sitúa ligeramente por debajo del umbral psicológico: 4.950 dólares para final de año, lo que aún representaría una recuperación significativa desde los niveles actuales.

En clave: Por qué importa

La pronunciada caída del oro desde sus máximos históricos representa un momento decisivo para los inversores que buscan proteger su patrimonio en un entorno de elevada incertidumbre. Esta corrección pone de manifiesto que incluso los activos tradicionalmente considerados refugios seguros no son inmunes a las dinámicas macroeconómicas y a los cambios en las políticas monetarias. Para los ahorradores e inversores minoristas, esta situación subraya la importancia de la diversificación y de no concentrar excesivamente las inversiones en un único activo, por muy seguro que parezca en teoría.

Desde una perspectiva más amplia, el comportamiento del oro refleja las tensiones entre las fuerzas inflacionarias derivadas de conflictos geopolíticos y las políticas monetarias restrictivas de los bancos centrales. La capacidad del metal para recuperarse en los próximos meses dependerá en gran medida de cómo evolucionen estas variables, especialmente las decisiones de la Reserva Federal estadounidense sobre los tipos de interés. Para quienes planifican su jubilación o buscan preservar el poder adquisitivo de sus ahorros a largo plazo, entender estos ciclos resulta fundamental para tomar decisiones informadas sobre la asignación de activos en sus carteras.

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